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Booktubers: los prosumidores literarios

Booktubers: los prosumidores literarios
Booktubers: los prosumidores literarios

Las redes sociales se convirtieron en la incubadora de estos nativos digitales que no temen enfrentar una cámara para hablar ante miles de seguidores de lo que más les gusta, los libros.

Los jóvenes leen, y mucho. Buscan sus libros, tienen sus autores favoritos y forman comunidades para comunicarse, expandir sus conocimientos e intercambiar ideas. La distancia no es un obstáculo, tampoco el tiempo. Tomando lo mejor de una sociedad ubicua interactúan desde todos los rincones del mundo. Los booktubers llegaron para quedarse.

Este año la Feria del Libro volverá a tener entre sus disertantes a un influencer, abriendo las puertas a la tecnología y a los miles de usuarios que visitan sus canales, los cuales se volverán de carne y hueso para participar del evento. Quizás alguien haya pesado que se trataba de una moda que más temprano que tarde sería historia, pero estos lectores apasionados no planean dejar la web y seguirán hablándole de igual a igual a muchas personas que, al igual que ellos, no encontraban un espacio para debatir sobre sus intereses.

Estos millennialls utilizan la plataforma de YouTube para compartir con sus seguidores gustos literarios, hábitos, reviews de sus lecturas, hay quienes suman entrevistas a escritores y proponen juegos e interacciones con otros amantes de los libros generándose un feedback. Pero lo llamativo es son jóvenes utilizando la tecnología para hablar de un objeto analógico, después de que se dijera durante años que el papel encuadernado dejaría de existir. La evolución marcó un camino diferente.

Pero eso no es todo, hay algo más. En disidencia con los que creen que los jóvenes no leen, resulta que lo hacen a un ritmo realmente vertiginoso. Y pese a cualquier cliché respecto al perfil de quienes optan por el soporte físico, también tienen pleno dominio de las herramientas digitales. Otro aspecto desconcertante fue la cantidad de seguidores e interacciones que generaron. Salvo para quienes están en el mundo editorial, la magnitud del fenómeno pasaba desapercibida.

La caída de las ventas de libros ha sido una preocupación a escala internacional, sin embargo la literatura infantil y juvenil (LIJ) es considerada la estrella. En el primer semestre del 2017, según un informe de la Cámara Argentina del Libro (CAL), el total de novedades publicadas alcanzó las 13.555, apenas 117 títulos menos que en 2016 y 35 más que en 2015. El 41 por ciento estuvo conformado por libros de literatura y LIJ, el sector más dinámico del mercado.

Pero la CAL, en su último relevamiento emitido hasta el momento, aporta dos datos más: se mantiene alto el porcentaje de producción de libros en papel y del 20 por ciento que se llevan los digitales, sólo el 15 por ciento son nativos digitales, el resto corresponde a conversiones de obras impresas.

Desde esta perspectiva no debería sorprender que se creen comunidades de seguidores encantados de compartir lo que es una parte importante de sus vidas, algo así como una versión digital de un club de lectura. La cultura booktuber es un testimonio de las nuevas formas de consumo cultural: lecturas colaborativas, intervención de lo multimedia, y la aparición de prosumidores. Lo interesante es que estos lectores que se transforman en productores brindan sus opiniones no desde una postura académica, si bien hay quienes tienen conocimientos teóricos, sino como pares de quienes están del otro lado de la pantalla.

En las primeras líneas del libro The medium is the Massage. An inventory of effects, Marshall McLuhan y Quentin Fiore afirman: “Todo está cambiando, usted, su familia, su barrio, su educación, su trabajo, su gobierno, su relación con los otros. Y están cambiando dramáticamente”. Lo que inició con la WWW, siguió con los blogs que permitieron que usuarios no expertos en informática fueran capaces de poder publicar contenidos en Internet y luego aparecieron las redes sociales, multiplicándose por montones.

Pero ¿cómo puede ser que en la era digital, todavía haya jóvenes que lean libros impresos? Para quienes utilizan computadoras podría resultar  anticuado leer en el soporte de papel pero los booktubers pusieron en crisis el pensamiento.

Booktubers: libros para marcar y personalizar

Una respuesta a la anterior pregunta podría llegar a través del titular de un diario: “Los adolescentes leen en pantallas, pero creen que el verdadero ‘lector’ es el de papel”. La afirmación se desprendió de una encuesta realizada en 2017 por la Asociación de Diarios del Interior de la República Argentina (ADIRA) a 1.800 jóvenes entre los 15 y 18 años de todo el país que arrojó como resultado que el 75 por ciento de los entrevistados pensaban de esta manera.

«La escuela sigue ligada a la cultura de la letra impresa y asocia la lectura al papel. Por eso, para los adolescentes, lector es aquel que lee textos en papel», explicó Roxana Morduchowicz, coordinadora de la investigación.

Respecto a la manera en que elegían los libros que no eran para el colegio, el 80 por ciento de los estudiantes mencionó que lo hace por medio de páginas web, redes sociales y foros y el 60 por ciento por la recomendación de un amigo. Un 35 por ciento expresó que lo veía en librerías y un 20 por ciento por recomendación de un profesor.

Los jóvenes lo buscan por internet y lo consumen en soporte papel. Los libros, al igual que las películas, tienen un gran componente de coleccionismo. Una de las siete maravillas del mundo antiguo fue la Biblioteca de Alejandría, sede del saber de la Antigüedad. La sensación de imaginarla colmada pergaminos y tablillas de arcilla grabadas hace siglos no se compara con la imaginarla  de un centro de procesamiento de datos. Tal vez, a pesar de la ubicuidad de la sociedad, seguimos pensando en modo analógico y lo convertimos a digital.